Estaba mirando la luna descalza, bañándome los pies y acudiste a mis pensamientos.
No sé si sabrás que descalza también se puede mirar a la luna. El mar está calentito a esas horas y te embriaga con todo su aroma.
Me gustan un montón de cosas como las sonrisas, siempre y cuando estén acompañadas de unos ojos bonitos, para que, cuando yo escuche su sonrisa no me encuentre sólo el sonido y que el viento se lleve su identidad.
Me gusta que las personas mantengan lo que dicen, siempre y cuando, no dañen a los demás. Pero eso, sólo es condición para que las verdades no se queden a medias,
y no se tambaleen los cimientos que a veces, se empiezan sin darse cuenta de pensamientos inimaginables. Esto me recuerda a un cuento que me contaba mi abuelita… “Això era … i no era…* una princesita que se había ahogado mientras se bañaba en el mar. Con los hombros rotos y dos trenzas de cabello rojo, tensas como cuerdas de violín alrededor de su cuello, y que fue cazada por las redes de un pescador…” pero siempre le faltaba el final porque, no sé si es que no me lo contaba mi abuelita o es que yo, me dormía.
Desde entonces se me ocurren muchas preguntas,
¿será el pescador el príncipe azul?
¿se salvará la princesa de cabellos rojos?
¿se salvará la princesa de cabellos rojos?
¿volveré a divagar sobre cosas imposibles?
¿dejaré de imaginar lo inimaginable?
¿deshojaré alguna pobre margarita para decidir algo?
¿comeré hoy paella?
¿Hoy, alguien me dará un beso o tal vez, besaré yo?
o incluso ¿nos besaremos a la vez?.
¿dejaré de imaginar lo inimaginable?
¿deshojaré alguna pobre margarita para decidir algo?
¿comeré hoy paella?
¿Hoy, alguien me dará un beso o tal vez, besaré yo?
o incluso ¿nos besaremos a la vez?.
y como no me gustan las perdices...
busca que te buscarás y adelanta que llegarás.
* Ya se sabe eso de los cuentos: Esto era que se era....





